La historia de un paisa que se enamoró de Cali y se quedó para crear cultura.

 

Luis Gonzaga, mejor conocido como el “Chaplin Caleño”, es un hombre de tez blanca, cuerpo delgado y en su cabeza tiene exhibida una que otra cana. Desde su tierra natal, Medellín, escuchaba hablar sobre Cali, sobre su cultura y su tradicional feria, la misma que despuès de vivirla lo animó a quedarse y a crear un personaje que si bien naciò de la necesidad, como le sucedió al mismísimo Charles Chaplin. Hoy es el sìmbolo de caleñidad y de cultura ciudadana.

Antes de caracterizarse como Chaplin, Gonzaga se bandeaba vendiendo cigarrillos, siendo vigilante de edificio, vendiendo agua, limonada y hasta rosas por docenas. Su oficio cambió el día en que el personaje de Charlotte, llegó. Nació porque un conocido de Luis, cada vez que se lo encontraba lo saludaba eufóricamente como “¡Qué hubo Chaplin!” y desde entonces, ese nombre le rondó la cabeza. A partir de ese momento, comenzó el proceso para que Luis le diera vida a la representación de arte callejero que es hoy “El Chaplin Caleño”.

El Calvario

 

Para Luis Gonzaga no fue fácil, tuvo que pasar por muchas situaciones difíciles. Una de ellas fue salir de su casa dejando a su esposa e hijos porque no contaba con los recursos económicos para responder a las necesidades del día a día. En medio de la desesperación que le producía ésta situación, su pensamiento estaba completamente nublado, no sabía qué hacer, no sabía si pedir dinero en las calles o no. Con tristeza, afirma que sus plegarias sólo referían una súplica, le pedía a Dios que no lo abandonara a su suerte.

Lleno de una fuerza impulsiva, el Chaplin un día decidió irse a vivir al calvario, un barrio ubicado en el centro de Cali, donde la venta de sustancias psicoactivas, la delincuencia y la basura abandonada indiscriminadamente en sus andenes, es parte de la cotidianidad.
Jornadas de trabajo incansables en las calles lo recibieron y después de un día entero, el saldo en sus bolsillos era $1.600, de los cuales $600 le pertenecían a quién le alquilaba una pequeña habitación. A él no le gustaba vivir ahí, pero al final agradecía tener un techo para dormir.

 

El sueño continua

 

La idea de personificar a Chaplin no había quedado olvidado en esos días de oscuridad, Luis dice que lo que él quería era crear el personaje. Pasaba horas viendo los vídeos de su ídolo para perfeccionar cada gesto y cada movimiento. No obstante, es muy reiterativo cuando dice que su intención nunca fue pedir limosna a través de Charlotte, como medio de sustento. Él esperaba reconocimiento, que la gente valorara lo que hacía, aunque en ese momento todo parecía sólo un sueño. Un lejano sueño.

En el barrio el calvario estuvo casi un mes, comiendo día y noche pan con café negro. Las impetuosas necesidades nunca le hicieron pensar en cambiar su idea inicial como imitador de Charlotte. Anhelaba que su personaje le transmitiera algo a las personas al verlo, que lograra tocar fibras, sensibilizar o al menos que con su actuación le devolvieran una sonrisa. En efecto, hoy en día la mendicidad no hace parte del acto del Chaplin Caleño, los transeúntes disfrutan su arte en las calles. Sin embargo, si alguien le pita para dar alguna contribución a su intervención, él agradecido, da dos pasos y con pleitesía la recibe.

Con trabajo, perseverancia y paciencia, logró salir de esta realidad que lo agobió por un tiempo, logró encontrar un mejor espacio para vivir y después de un largo período de reflexión forjó las temáticas que abordaría con su personaje alrededor de las palabras civismo y responsabilidad vial. Pero ¿por qué escogió esa línea? Sencillo, porque cuando Luis llegó a Cali, esta se destacaba de otras ciudades de Colombia por su civismo. Pero con el pasar de los años, él vio cómo esta virtud se desvanecía entre los ciudadanos de traje y zapato blanco, y los de camiseta, jean a media pierna y tenis. Lo anterior, según Gonzaga, debido a que a las nuevas generaciones no les interesaba incluir en su educación, el ser buen ciudadano, cívico y solidario con los demás para una sana convivencia.

 

Campañas y amor de la gente

Actualmente, gracias a su trabajo, ha recibido el reconocimiento de quienes transitan cerca de su intervención y por periodistas, cronistas y productores que se han interesado en difundir su historia y hacerla parte de la memoria colectiva de Cali y del país. El Chaplin Caleño sostiene que el reconocimiento no sólo se da a través de su acto, también mediante intervenciones en las calles como “guarda de tránsito alternativo”. Pues cuando hay cortes de energía en su semáforo, el de la calle 5 con carrera 80, y no hay quien regule el tránsito, Luis señala “yo me paró ají, yo tengo mi pito y con mi trabajo les doy tiempo a los guardas para que lleguen, es más cuando la gente me ve ahí parado, pitando, tengo la certeza de que me hacen más caso a mí que a los guardas. Yo he manipulado estos 6 semáforos y nunca he dejado dañar un sólo carro”.

No sólo los temas de seguridad vial, conducir bajo los efectos del alcohol, sin cinturón de seguridad, con las luces apagadas o hablando por el teléfono móvil, hacen parte de las campañas que hace el Chaplin, también apoya procesos de cultura ciudadana como cruzar las calles o tal como él afirma “cuando yo veo que están botando basura, yo le digo a la gente. Es mi país, es mi ciudad”. Así mismo, todos los años en el mes de diciembre, adelanta la campaña de no a la pólvora.

Luis asegura que le gusta servirle al pueblo y que le gustaría tener una o dos casas que operen como comedores comunitarios para ayudar a las personas de escasos recursos que pasan necesidades por no tener el sustento diario para alimentarse. Por otra parte, más que la personificación de un personaje, El Chaplin, se ha convertido en un ejemplo a seguir para muchos caleños, pues siente a Cali, como suya; es la representación de la perseverancia y el amor, la tolerancia y el respeto hacia sus semejantes.

 

Geraldine Chaplin y el Chaplin Caleño

 

Los recuerdos del Chaplin son guardados por Luis Gonzaga como un verdadero tesoro que lo hacen transitar entre la alegría y la nostalgia. Por ejemplo, recuerda el día en el que conoció a Geraldine Chaplin, la hija de su maestro, de su jefe (como llama a Charlotte).

El encuentro tuvo lugar en la Universidad del Valle en una conferencia en la cual, ella era la invitada especial. Relata que, al enterarse de ésta conferencia, sin pensarlo dos veces abordó un taxi que lo llevaría a la cita que seguramente, recordaría el resto de su vida. Al llegar al auditorio de la universidad se sentó en cualquier asiento, disperso, camuflado y tímido a escuchar atentamente.

Pero una de las personas del público, se percató de su presencia y le pidió que pasara al frente junto a Geraldine, y fue ahí, en ese momento, donde la magia llegó. Estaba cara a cara con la hija de uno de los más grandes actores que el mundo pudo tener. Ella, muy amable y fascinada no podía creer que de todos los Chaplin que existen en el mundo, él fuera el que más representará la imagen de su padre. Aunque ya han pasado nueve años desde el día de este encuentro, lo recuerda de manera muy especial, como si fuera ayer.

En suma, Gonzaga expresa con emoción que lo mejor de personificar al rey del cine mudo, es el cariño que las personas le tienen y agradece a quién algún día lo llamó Chaplin. Además, considera que no existe un límite para dejar de enviar mensajes de conciencia a la comunidad; con nobleza dice que podrá hacerlo el tiempo que sea necesario para generar cambios significativos.

Luis, con su simulador de automóvil, con una grabación, un megáfono y dos maniquíes, una mujer y un guarda de tránsito, seguirá acompañando a los caleños en las largas esperas de los semáforos o trancones, para decirle a todos, que la seguridad vial y la cultura ciudadana son asunto de todos.

calibacana
calibacana
Enamorados de Cali

Deja un comentario