El 18 de junio de 2007, en Sebastián Arismendy de nueve años de edad; la esperanza de evidenciar la liberación de su padre, se esfumaba, pues recibía la trágica noticia de su muerte.

 

A partir de ese momento el rencor y el desconsuelo comenzaron a formar parte de su diario vivir. Sus días pasaron de grises a oscuros y su vida se concentró más en preocupaciones e incertidumbres, que en la diversión y los juegos característicos de la niñez.

 

Héctor Fabio Arismendy, fue uno de los 12 diputados del Valle del Cauca,  secuestrados por las FARC el 11 de abril de 2002.

 

La tristeza

Sebastián cuenta que el día del secuestro, su padre se encontraba indispuesto; sin embargo, por cosas de la vida, decidió asistir a su trabajo común y corriente, sin saber que ese día comenzaría el sufrimiento, no sólo para la familia Arismendy, sino también para las familias de los demás diputados que fueron privados de su libertad.

“Ese día, cuando regresé del jardín infantil, habían muchas personas reunidas en mi casa. Mi mamá, en medio de un gran desconsuelo, me dijo que mi papá se encontraba lejos y que podría tardar en volver”.

Su infancia transcurrió en medio de marchas a las que asistía con su madre, su hermano menor y los familiares de los demás diputados secuestrados, exigiendo su liberación.
“Crecí con muchos miedos y un gran número de vacíos, fueron momentos muy dolorosos. Mi niñez no fue igual a la de muchos niños, pues no tengo recuerdos de rondas infantiles o coloreando. Lo único que recuerdo son las marchas que realizábamos frecuentemente en diferentes lugares”, asegura Arismendy.

Además de lo anterior, algo que Sebastián recuerda mucho, es una grabadora en la que él y su familia le enviaban mensajes a Héctor Fabio, cada sábado. Dichos mensajes, su padre los podía responder cada año a través de un vídeo durante cuatro minutos; tiempo que nunca fue suficiente para expresar un sinnúmero de sentimientos e interrogantes atrapados en los corazones de los Arismendy.

Sin embargo, el momento que más marcó a la familia del diputado tuvo lugar en el año 2007, cuando todas las ilusiones que tenían de tenerlo cerca de nuevo, llegaron a su fin. Héctor Fabio Arismendy fue asesinado por las FARC, junto con otros diez diputados.
De ahí en adelante, Sebastián tuvo que asumir un rol muy diferente, pues la tristeza se transformó en un profundo rencor e impotencia que lo hicieron llegar al punto de desear la muerte de quienes se encargaron de arrebatarle a una de las personas más importantes de su vida.

 

“Perdonar es una decisión personal para sentirte libre y feliz”. (Sebastián Arismendy)

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El perdón

Pasó bastante tiempo para que este joven vallecaucano tomara una decisión trascendental que transformaría su vida y la de su familia para siempre. Ahora a sus 19 años, tuvo la oportunidad de desahogarse expresando todos los miedos y sentimientos que tenía reprimidos; logró mirar directamente a los ojos a los responsables de negarle la dicha de tener a su padre al lado, y finalmente pudo perdonarlos.

Es importante destacar el papel que cumplió su madre, ya que, fue trascendental para él y su hermano. “Mi mamá nos transmitió muchos mensajes de amor y paz. La ayuda del sacerdote Gustavo Aristizábal fue muy importante, porque le fomentó a ella muchos valores relacionados con el perdón”.

Otro aspecto importante en el proceso que tuvo que vivir este joven para lograr cambiar su perspectiva frente a lo que estaba sucediendo en su vida y en la de su familia, fue la educación. “Decidí convertirme en un gran estudiante, porque sabía que a través de la educación iba poder hacer muchas más cosas por la paz”.

El acto de perdón no sólo corrió por cuenta de Sebastián, sino que se llevó a cabo por ambas partes. Los líderes negociadores de las FARC, se encargaron de excusarse con el país por todas las masacres y secuestros que llevaron a cabo en medio de una guerra que parecía no tener fin, pero que para fortuna de los colombianos, será un capítulo del pasado que servirá para comenzar de nuevo.

 

La PAZ

 

Es claro que para Arismendy, el perdón de las FARC, no le quitará la tristeza que implica extrañar a su padre cada día, pero lo considera un gran paso para la consecución de la paz que tanto necesita un país que ha estado en guerra por más de 50 años.

Para Sebastián, la decisión de perdonar fue un proceso que requirió tiempo para llevarse a cabo. Puesto que, a pesar de que las heridas se han ido cerrando lentamente, el recuerdo de su padre, será una marca indeleble que perdurará en el corazón de este joven cartagueño que se ha convertido en un ejemplo de superación y reconciliación para todos los colombianos.

“La verdadera paz se va a construir respetando las ideas de las demás personas, siguiendo el modelo de una democracia. Creando cultura ciudadana”. Éstas son las palabras de un joven que seguramente, será protagonista en la estructuración de una Colombia en paz.

       

       

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