El arte es el pedido más solicitado en la mesa hoy. Sus consumidores son universitarios o jóvenes que dejaron de lado la rumba tradicional y eligieron un nuevo estilo de rumba; una especie de fusión tal como afirman ellos, entre la ‘rumba hard’, ‘lo alternativo’ y la diversión con unas pocas ‘lucas’.

 

Llevar el pedido a la mesa no tiene mayor misterio, pero su preparación requiere conocimiento y algunos añitos de práctica. Así que si usted desea saber qué es lo que ellos se toman le pasamos la receta.

 

Preparación

 

► Vierta en agua fría: un saco de pintura, un saco de cine y agregue a su gusto granos musicales, su ingrediente principal.
► Manténgalos húmedos por un par de días.
► Germine para obtener el malteado de esta receta.
► Proceda con la maceración para extraer los azucares naturales de libertad.
► Después pase a la lupulización para definir el amargor y el aroma de su bebida; clasifique y enfríe.
► Fermente la libertad y conviértala en alcohol.
► Embotelle.
► Refrigere a su gusto y deguste su arte.

Muchos caleños, después de sus labores de fin de semana en su búsqueda por degustar la receta, salen tras ella, a veces solos o en grupos de hasta 5 personas, aunque a algunos en lugar de beber arte, prefieren una simple cerveza,; además, van en busca de nuevas experiencias, o como lo ha definido la moda ‘lo alternativo’ –varias opciones de estilos de vida y consumismo sesgadas a tu carácter, que reúne a personas con objetivos y gustos parecidos: el de ser ellos mismos sin miedo a ser señalados o juzgados socialmente, el de sentirse en familia y el de cantar a pulmón hinchado el himno de la libertad.

Su punto de encuentro inicia desde la Calle Quinta para desplazarse hacia el centro y norte de la ciudad. Un montón de calles coloridas, luces de vehículos, grafitis, pearcing, tatuajes, flores, labios pintados, zapatillas converse, camisas anchas, cigarrillos y en ocasiones algo de cannabis, los acompaña.

 

La ruta

 

Es así como esta ruta nos lleva a La Terraza Bar, ubicada al frente del Colegio Santa Librada, sobre la Carrera 15 con Calle 6. Un espacio que a simple vista pareciese más bien una playa, por sus luces y su estilo; además cuenta con baños en forma de duchas bastante pintorescos y lo adornan a su paso desde la entrada, siete cuadros que gritan arte. Éste es un espacio al aire libre que invita a sus visitantes a liberarse en las noches frías de la ciudad, bailando entre humo y amigos.

La Terraza se ha convertido en un lugar de encuentro de jóvenes universitarios que buscan además de vivir la rumba, afianzar sus pasatiempos. Así lo piensa Stephanie Quintero, quien asegura “cuando vengo a este lugar, soy yo en esencia, no hay limitaciones, si fumas o no fumas es tu problema. No hay fronteras, porque aquí todos somos amigos, aquí se tejen redes, pero sobre todo nos respetamos”.

Este estilo de rumba, entre otras cosas, gira alrededor del humo, de los bailes sensuales y de la supresión de estratos o cualquier clasificación social. Pues es un lugar tan libre, que si se piensa en visitarla, deberá estar preparado para bailar en medio del olor del cannabis.

En este recorrido, es posible toparse con diversos sitios en lo que se es posible volverse parte de una nueva familia. Tal como se evidencia en El Rincón de Heberth, un sitio que si bien es expuesto al aire libre, le ha permitido a sus visitantes sentirse en la sala de su propia casa. Jonathan Molina, lo reafirma al decir “no vengo aquí porque sea un sitio de salsa, si no por el ambiente, aquí vos te sentís muy libre, te encontrás con tus amigos; don Heberth siempre te saluda con esa amabilidad que lo caracteriza y vos sentís que llegaste a casa. Sin cover, la cerveza a tres lukas, amigos y buena música ¿Qué más pedís?”.

Don Heberth, inició con este lugar hace ocho años con música de todos los géneros en la casa de sus abuelos, pero solo hasta hace cuatro está ubicado donde comienza la Avenida Roosevelt.

Él comenta que sus visitantes eran jóvenes de la Universidad del Valle que iban y se sentaban a su sala y le solicitaban buena salsa; fueron precisamente ellos quienes convocaron a nuevos visitantes de su edad apasionados por este género musical. Por esto, con el pasar del tiempo se trasladó a donde se encuentra en la actualidad; pues buscaba mayor capacidad de espacio para sus clientes y libertad de volumen musical. Así se convirtió en el lugar de encuentro de distintos universitarios.

 

“Cali, salsa, rumba alternativa, buena música, amigos y cerveza”.

Twitear

 

Existe otro sitio, La Topa Tolondra, que de la mano de Carlos Ospina, Dj y administrador, se ha convertido en tan sólo en cuatro años en uno de los lugares más visitados por los jóvenes amantes de la salsa. Desde los miércoles, este pequeño escondite, ubicado en la Calle 5ta con Carrera 13, se convierte en un hervidero de rumba brava; con sus nostálgicas paredes que recuerdan mucho a las tabernas salseras de los años ochenta en la ciudad.

La Topa inició con el fin de tener un sitio de encuentro de salseros que rescatara el arte, la cultura y el amor por la ciudad. Hoy se ha convertido en un icono para caleños y extranjeros por la clasificación de su música y por su repertorio diario: los ‘cool Monday’ que se caracterizan por la presencia de extranjeros y caleños que intercambian idiomas; los martes de buen cine, 3 salsas y un bolero; los miércoles, jueves, viernes y sábados de salsa y los domingos de ‘vinilo session’.

Aquí, aunque el contacto es inevitable con el otro a la hora de bailar sus reducidos espacios, cada noche el lugar llega a tope.

Entre algunas historias que la familia de La Topa recuerda, Carlos narra una de aquel día que se encontraba en la barra compartiendo unas copas con el actor colombiano Álvaro Rodríguez y llegó de repente la exsenadora Piedad Córdoba, quien de inmediato sintió el ritmo y el swing caleño y sin reparos se le midió a bailar con jóvenes de aretes, piercings y tatuajes que sin pena ni ‘piedad’ alguna, gozaron aquella noche.

Sin embargo, no todo es rumba y baile, también existen ciertos espacios que guardan esas raíces africanas y antillanas y que se vuelven templos sagrados para los caleños. Estos espacios van dirigidos a un público más especializado, un poco mayor y sobre todo nostálgicos de aquellas famosas tabernas salseras que alumbraron los ochenta como: Pal 23, La Terrífica, Olafo, y la Taberna Latina.

También está La Casa Latina, un ‘museo’ salsero que trae una larga historia familiar; lleva tres años en el mercado, pero más de 30 años de un extenso trabajo por parte de Gary Domínguez dueño y ‘disjockey’ del lugar. Un espacio que honra a La Taberna Latina, uno de los sitos emblemáticos de la salsa en Cali y en el que Gary manejaba la batuta musical.

Al entrar a la Casa Latina se sigue una especie de ritual, como si fuese una misa dominical; al momento de ingresar se le da al invitado un listado con los discos que se van a escuchar durante las seis horas siguientes, según la temática del día, acompañado de fotos y videos.

Pero también están los espacios de audición donde Gary desde su Casa Latina, en la Calle 7 con Carrera 27 en Alameda, hace un recorrido por la vida musical de artistas de la talla de Héctor Lavoe, Ángel Canales o Ismael Rivera.

“Aquí damos prelación al escuchar; eso no es fácil en una ciudad donde se baila tanto. Años atrás la gente decía que no era posible una salsoteca donde se escuchara y dialogara sobre la música. Pero las salsotecas empezaron a crecer en los barrios populares de Cali, en los garajes y de ahí yo aprendí”, explica Gary.

Pero en Cali también han surgido otros espacios, como Salsa al Parque, un evento que es un desprendimiento de todo el trabajo realizado por Gary Domínguez, Alex Zuluága y diferentes melómanos y coleccionistas de la ciudad. Durante los primeros seis años, se llevó a cabo en el Parque de los Estudiantes, al pie del monumento a Jovita. Sin embargo, este año, el evento se trasladó al antiguo Club San Fernando.

Salsa al parque inició como una búsqueda de la Fundación Cultural Nuestra Cosa Latina de rendirle un tributo a la salsa; además de rescatar el pasado histórico, cultural y el sentido de pertenencia de los caleños con ese ritmo que llevan en sus entrañas.

Precisamente por ser un evento organizado mes a mes en un gran espacio, se hace evidente la estrecha línea que vincula la exploración de una rumba distinta; tal como se vive en el Parque del Perro, la colina o la loma de San Antonio.

Es por esto que el primer sábado de cada mes, este lugar no da abasto con sus visitantes, pues en la noche llegan jóvenes y veteranos amantes de la salsa de todos los rincones a bailar sin pudor en las calles. “Esto es muy parecido a las historias que nos cuentan nuestros padres y abuelos de como disfrutaron las verbenas decembrinas, dos cuadras cerradas, inundadas de caleños para presenciar artistas y azotar baldosa hasta que las suelas se desgastaran”, dice Kelly Campaz, una de las participantes de este evento.

Además de estos, existen otros espacios en los que se viven las noches en Cali de manera similar; sin embargo, sus precios son mucho más elevados: MiKasa Bar, La Central, La Colina, Tintideo, Alterno Bar, El Faro y Ruta 66, son algunos de ellos. Algunos jóvenes afirman que aunque el ambiente es igual de ameno, en ocasiones el bolsillo no se acomoda a estos; el precio de sus bebidas oscila entre los $6.000 y los $80.000.

La socióloga Yennifer Luna, comenta que en realidad la diferencia entre la rumba que hoy buscan los jóvenes en Cali y la de nuestros padres en los años 80 y 90 no es muy distante. Pues su afán por sentirse libres prevalecía; la búsqueda por una rumba que no fuese la tradicional y que les permitiera sentirse en familia era su fin último; aunque el arte no fuera la orden del día, como lo es hoy; por lo que precisamente esta rumba, recibe el nombre de alternativa.

Sin embargo, ella aclara “lo alterno no es más que otra moda y una excusa para no clasificarse como iguales, para no aceptar que siguen moldes o se dejan influenciar por lo comercial. Por supuesto, siempre habrá excepciones”.

Lo cierto es que la rumba en Cali ya tiene otros rincones y los jóvenes siguen explorando espacios diferentes, que les permitan no solo sentirse cómodos y en casa; sino que además los acerque a el arte, la cultura y a veces a épocas pasadas o a sus propias raíces.

 

 

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