El viento baja de los cerros y arrastra las hojas caídas dejando su canción de libertad.
Los cielos azules muestran nubes como pinceladas blancas, y a otras más densas los rayos del sol enrojecen sus coronas.
Un concierto de aves se escucha y el colibrí incesante da vuelos mientras de su pico emana cantos repetitivos.
El bichofué se posa en una cuerda a cantarle a su amada mientras su copete se levanta en un ritual de amor.
A las torcazas las despeina la brisa y otras vuelan a su rama preferida en el árbol de su amaño.
¿Y la tarde? se puso roja. La brisa siguió refrescando la ciudad y la tarde se quedó dormida en los brazos de la noche.

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