Entre tanta indolencia, desigualdad y represión, aún hay seres que marcan la diferencia. Esta es una crónica que relata cómo el arte y el clown se convierten en magia, encanto y amor, cuyo fruto son un sinfín de sonrisas curativas.

 

“Yo quiero vivir en un mundo en el cual las personas se vuelvan famosas por su trabajo, por promover la paz, la justicia y el cuidado por el prójimo.” Dr. Patch Adams

Eran las 2 de la tarde de un domingo familiar, las narices rojas de Caliclown apuntaban hacia la Ladera de Cali, específicamente hacia Siloé, donde la noche anterior las armas negras eran apuntadas por pandillas callejeras.

Horas antes, nueve mujeres y tres hombres dejaban a un lado su rutina habitual para pintar sus caras y usar atuendos de mil colores. Recuerdo las las palabras de Constanza Gallo, -Los payasos humanitarios, no somos como el payaso de fiesta infantil, el que lleva encima muchísimo maquillaje, trajes y pelucas excesivamente grandes, no somos extravagantes-.

Esa tarde salimos del Centro Cultural de Cali; las narices rojas bloqueaban el calor, pero no los nervios que sentíamos todos en nuestro recorrido en ‘guala’, camino a Siloé.

Al subir a la ‘montaña blanca’, empecé a entender lo que pasaba; era un entorno totalmente distinto en un sector vulnerable y donde no nos daban la bienvenida, es más, ni siquiera parecían estar a gusto con nuestra llegada. Pero Caliclown ama la realidad.

¡Llegamos!, anunció el chofer. Minutos después, estábamos parados en Tierra Blanca.

Cali clown en su descenso recurrió a improvisar con algo de magia y varias sonrisas, después tocó la filarmónica y milagrosamente nos dieron la bienvenida.

Quien nos hace reír es un cómico, quien nos hace pensar y reír es un humorista. Georg P. Burns. El Padre del Clown Moderno fue Joseph Grimaldi en el siglo XIX, él se enfocó en el clown teatral. Doherty Hunter, más conocido como Patch Adams, revolucionó también ésta práctica y es uno de los ‘payamédicos’ con mayor reconocimiento mundial.

En Norteamérica está ubicada la organización más grande de Clown: Payasos sin Fronteras; en Latinoamérica: Bolaroja en Perú, Narices rojas en Ecuador, Dr. Vaso en Venezuela y en Colombia: Dra. Clown en Bogotá, Patrulla de la alegría en Montería, Cali Clown en Cali y existen muchas más.

Aunque anteriormente los clowns actuaban como bufones de corte y eran los únicos libres de expresarse y protestar contra las normas gubernamentales, hoy se han consolidado como los amigos de todos, como los ‘payamédicos’ que curan a punta de sonrisas o como los que hacen sentir en cualquier lugar, pero ya no solo para protestar si no también, para ofrecer soluciones.

 

Los gestores

 

Caliclown, está conformado por amigos -como prefieren ser llamados-; nace como una iniciativa de Constanza Gallo e Ilana Levy, el 9 de marzo de 2012. Pero además lo conforman otras 15 personas: Vanessa Jahel, Jaime, Sebastián, Harold, Lisa, Ana María, Miriam, Margarita, Daniela, Vanesa, Mauricio, María Camila, David y Juan, quienes pretenden no es solo reivindicar la imagen del payaso, si no enamorar durante sus intervenciones, pues aseguran que el payaso tiene un gran poder transformador.

Un año antes, ambas venían trabajando con la Fundación Dra. Clown como voluntarias, pero bajo esta fundación sólo podían ser payasas hospitalarias y ellas querían experimentar otras áreas como el clown comunitario: visita y el traslado de la terapia de la risa a lugares vulnerables y el clown pedagógico: una labor educativa para enseñar la técnica y práctica del clown.​

 

Entre tanta indolencia, desigualdad y represión, aún hay seres que marcan la diferencia.

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Ilana Levy sonríe con gran orgullo, -celebramos nuestro primer aniversario hace muy poco, aún recuerdo nuestra primera visita hospitalaria-.

Durante esta visita como clowns comunitarios visitaron la cárcel de Jamundí, Connie recuerda que fue una experiencia bastante dura para el grupo desde el inicio del recorrido, pues las calles eran destapadas y al abrirse las puertas de la cárcel, no encontraron más que una mole gris llena de seguridad, niños que nacían privados de su libertad y madres que no querían dejarlos. En esa ocasión visitaron a un grupo de reclusas que vivían con sus hijos; solo los podían tener con ellas hasta los 3 años, eran exactamente 20 mujeres, y 21 pequeños.

Nunca quiero dar autógrafos, lo más cercano a un autógrafo será mi firma en una prescripción médica, la cual diría: Contagia la alegría o lucha por alcanzar tus metas. Dr. P.A

Tras haberse ganado la confianza de algunos habitantes de Tierra Blanca, apareció Diego; un habitante del sector y además el guía que nos acompañaría durante nuestro recorrido hasta Siloé, el barrio vecino.

El encuentro estaba programado en el muro de Siloé, pero con bastante desilusión Diego anunció que no iría mucha gente, afirmando “aún muchas personas se encuentran refugiadas en sus casas, anoche se presentó un tiroteo y están temerosas de que pueda volverse a repetir”.

A Caliclown esto no lo opacó, así que caminamos varias calles y se invitó en el recorrido a cada persona que nos encontrábamos para que participaran en el número que haría Caliclown en algunos minutos. La gente comenzó a subir y contrario a lo que creíamos, llegaron gran cantidad de niños con sus padres, mientras que otros presenciaban el espectáculo desde los balcones o terrazas de sus casas.

Los niños estaban completamente emocionados. Entre ellos estaba Carolina, una pequeña de 7 años que comentaba entre risas “son muy chistosos, por acá nunca vienen personas con narices rojas”.

Lo logramos, susurró Ilana; Caliclown había conseguido contagiar de alegría a un sin número de personas.

 

Las sonrisas

Connie tiene 33 años, jamás deja de sonreír y es justamente es, lo que refleja tanta juventud y vitalidad en ella; su espíritu de liderazgo le ha permitido generar con Caliclown un gran impacto social.

Es orgullosamente madre de un pequeño de 6 años, Joaquín, quién la acompaña a cada una de las intervenciones, reuniones y presentaciones -mientras no esté en el colegio-. Y es precisamente Joaquín quién la impulsó a hacer clown, pues cuando él sólo tenía 2 años, le diagnosticaron Leucemia. Eso lo obligó a estar en tratamiento de quimioterapia durante 3 años y en espacio hospitalario mucho tiempo.

“Yo me vi obligada a usar y generar estrategias lúdicas para hacerle la vida más amable y soportar toda esa situación tan fuerte, no solo a él, sino a mí también Entonces, inicié como payasa hospitalaria; mi inspiración para hacer clown, definitivamente es mi hijo y el milagro de mi vida”.

Como payasa humanitaria lleva dos años, pero en general la labor social ha sido una constante en su vida, ya que desde muy pequeña, tenía claro que su camino estaría regido por la vocación de servicio y así ha sido, cuando se ha presentado la oportunidad siempre se ha puesto al servicio de otros.

Para ella ser parte de Caliclown significa mucho, pues ha evidenciado que ha contribuido con el bienestar de muchas personas y de la sociedad; además ha dejado una huella con acciones concretas para el progreso de la ciudad, opinión que comparte Juan Pablo Restrepo, quien se desempeña como director de la Sala de Pediatría General del hospital Universitario del Valle: “Cada sonrisa para los niños es parte del tratamiento, pues el amor es fundamental en el proceso de recuperación de un enfermo”.

Caliclown al visitar el hospital recibe a lo largo del pasillo saludos efusivos y mucha admiración, todos saben de ellos en este lugar, desde personal de aseo, hasta los visitantes y doctores, pues hacen visitas a los pacientes constantemente; incluso en el HUV, afirman que ellos son otros médicos y que sería fenomenal poderlos tener ahí todos los días.

Además de realizar intervenciones en el hospital, Caliclown hace intervenciones eventuales en el Hospital San Juan de Dios, cárcel de mujeres de Jamundí, la organización comunitaria de Siloé ACCR (Asociación Centro Cultural La Red) y a nivel pedagógico en diferentes instituciones educativas constantemente.

Todos moriremos, nuestro trabajo consiste en aumentar la salud ¿sabes lo que significa? Significa mejorar la calidad de vida, no sólo retrasar la muerte. Dr. P.A.

En el tiempo que estuve con Caliclown, pude conocer además a uno de sus referentes; todo el equipo se llena de admiración hacia Moshe Cohen, un hombre de 57 años que posee un espíritu tan libre como el de un joven de 20; es un maestro en el Clown, lo ha ejercido a lo largo de 30 años, desde 1981 cuando la desigualdad social generó en él, la búsqueda de la transformación a través de las sonrisas.

Llegó desde Israel y permaneció dos semanas junto a ellos, compartiéndoles sus aprendizajes, sus conocimientos y las infinitas herramientas que utiliza para hacer clown, pero sobre todo su amor por este arte y su ardua disciplina que ha permitido que las acciones por pequeñas que sean, cambien el mundo.

Descubrimos entonces que ser Clown no es una tarea fácil, no se trata simplemente de pararse frente a un público y ‘hacer payasadas’, requiere entrenamiento, esfuerzo y sacrificio; pues los verdaderos clowns han tenido preparación en magia, teatro, improvisación y muchos campos que significan en ellos un largo periodo de desarrollo integral.

Narran que aunque el comenzar el camino fue bastante difícil y se les cerraron varias puertas; en la actualidad la acogida es cada vez más fuerte. Caliclown se ha ganado con trabajo y dedicación, un puesto en el ámbito humanitario y son invitados cada vez a más lugares.

Esto se refleja en el amor que sienten por ellos, los pequeños pacientes internados en el Hospital Universitario, pues a pesar de sus dolores no solo externos sino también internos, siempre cumplen a las citas pendientes con Caliclown, chicos en sillas de ruedas y hasta camillas acompañados por sus padres, doctores y enfermeros, llegan puntuales al encuentro con los culpables de causar en ellos tantas sonrisas, pues entre tanto dolor y rutina, aún existe una salida hacía la magia, el encanto y el amor.

Connie fijó su mirada en mí y con gran satisfacción mencionó: “Es asombroso la gente nos reconoce, nos aceptan y reciben con muy buena actitud, porque durante este año que lleva Caliclown trabajando, nos hemos dado a la tarea de dar a conocer el payaso y sobre todo la función social que este puede tener, lo hemos hecho con mucho cuidado y mucha responsabilidad hacia quienes visitamos y hacia los demás grupos de payasos que existen, no solo en Cali, sino en Colombia y el Mundo”.

 

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