“Desde afuera y con los ojos cubiertos de pólvora, la misma que ha dejado la violencia, Rodolfo Angarita, un habitante del barrio San Fernando en la ciudad de Cali afirma, “a la comuna 20 no se entra ni solo, ni caminando. Mejor dicho, a la comuna 20 no se entra, si uno quiere asegurarse de vivir. Por lo menos yo no lo haría”.

 

Desde adentro y con los ojos cubiertos de esperanza, la misma que ha dejado su lucha, David Martínez, con apenas 17 años, pero varios escenarios encima, algunos internacionales, gracias a su amor hacia el violín afirma, “no somos solo violencia, no mentiré y diré que somos solo cosas buenas. Nunca he conocido algo completamente blanco. Pero puedo asegurarte que también somos sueños, también somos lucha y algunos somos cambio en la comuna 20”.

Entre las pequeñas calles, las casas coloridas y el sin fin de escaleras, como si se describiera un pesebre. La Comuna 20 de Cali, ubicada al Oeste de la ciudad, alzada en el piedemonte de la cordillera Occidental y en la parte baja del Cerro de los Cristales, habitan aproximadamente 61.585 personas, según el DAGMA. Esta comuna está conformada por 8 barrios y 3 urbanizaciones: Belén, Belisario Caicedo, Brisas De Mayo, Lleras Camargo, Pueblo Joven, La Sultana, Tierra Blanca, el tan nombrado Siloé, la urbanización Venezuela, Cañaveralejo y el Cortijo.

Según cifras del Dagma, 1.200 de ellos eligieron el camino de la violencia y la pólvora. Fernando Jiménez, policía comunitario del sector, afirma que 5 de cada 10 homicidios que ocurren durante el día, se atribuyen a guerra entre pandillas o a lo que ellos llamarían, “las liebres”. Sin embargo, muchas personas ajenas a esta violencia se cuestionan el porqué de tantas muertes, atribuyéndolo a hechos de poder y respeto. No están del todo equivocados, ya que, en su mayoría, estos homicidios se presentan por venganzas, hurtos, riñas de pandillas, balas perdidas y uno que otro caso aun sin establecer.

 

Uno de 1.200

 

Pareciera tener más edad de la que tiene, él cree que la calle lo ha obligado a acelerar el paso por la vida. Mario, como será llamado en esta historia, tiene la mirada apagada, un par de cicatrices que anuncian que no ha sido el estudiante 10 de su colegio, ni el miembro ejemplo de su familia, aunque si el de muchos de los que fueron sus “pupilos de calle”. Hoy, enfrenta una condena a la que aún le resta un año de sentencia, pero que ahora paga desde su casa.

“Desearía cambiar muchas cosas de mi vida y del sector. Si tuviera otro chance, simplemente aprovecharía las oportunidades que dejé ir por bruto. Crecí al lado de personas que sí supieron aprovecharlas. Cuando era muy joven me presenté a la Marina junto con un ‘parcero’ que era como mi hermano, las cosas resultaron para los dos, pero tuve que quedarme porque ya había embarazado a la mamá de mi hija. La historia de él es distinta, solo su mamá dependía de él y desde allá le ayudó a cambiar su vida. En cambio, yo me quedé en mi pedazo haciendo de las mías, dizque siendo respetado”.

Lo más alarmante de esta situación, es que pareciera que se mencionara un triunfo al decir que en la comuna 20 el barrio Siloé, se posicionó durante el 2010 y el 2014 en el primer lugar, infortunadamente para aquellos que no lo saben, este primer lugar se basa en la cantidad de asesinatos anuales que se ejecutan en dicha comuna, atribuyéndole 197 casos de homicidio al barrio Siloé. Convirtiéndolo en el barrio número uno con mayor tasa de mortalidad en la ciudad.

Jorge Enrique Carvajal, habitante del sector afirma: “cada esquina de nuestra comuna tiene una historia para contar, para que me entiendan, en cada esquina hay un muerto que se merecía lo que le paso o quizá no y tan solo estaba en el lugar equivocado, a la hora equivocada”.

Pero a pesar de este sin fin de violencia y muertes que merodea las pequeñas y cálidas calles de la comuna 20, existen entidades luchando por disminuir los niveles de agresión que se realizan a diario, pues cabe resaltar que hay historias de vida que generan esperanza. Según cifras de FundaSidoc, una de las escuelas de formación de arte más queridas por los habitantes del sector, se estima que entre 2000 y 3000 personas se han vinculado a proyectos de restauración de la comuna, restauración del tejido social y la construcción de espacios culturales, que promuevan el avance social y económico y que además incrementen el sentido de pertenencia y la inclusión.

 

Las soluciones a los problemas son reales, cuando todos se unen y miran hacia el mismo lado.

Twitear

 

Uno de 2.000

En pesos colombianos, 2.000 es una cantidad mayor a 1.200, con los $800 restantes habitantes de la comuna 20 podrían comprar “medio cacho de marihuana”, tal como afirman algunos habitantes del sector, y agregan que “es lo que se fuman, cuando no hay para más”.

Pero en cambio otros, como los miembros de FundaSIDOC, con los $800 restantes, según afirma David Martínez, entre risas, tendrían para medio pasaje de bus que los trasladase desde su casa hasta las instalaciones de la fundación, “nosotros vivimos en estrato 1, porque 0 no hay, pero aun así tenemos lo básico para vivir, si un día llegásemos a tener solo 800 pesos para el pasaje, pediríamos que nos llevarán por eso, porque no queremos faltar, aquí todos los días hay algo nuevo para aprender”.

Día a día, en la comuna y en los medios de comunicación se afirma que el sector sólo es una zona delincuencial, centro de robos, muertes o violencia; adjetivos otorgados en su mayoría desde afuera. Sin embargo, de esta historia se excluye a los jóvenes que anhelan darle un giro a su realidad, a través de sus talentos, sus sueños y metas, que pese a sus mínimos recursos económicos y la carencia de ayuda del gobierno, consiguen alcanzar el éxito con su lucha.

Un claro ejemplo se evidencia con la medallista Olímpica de bronce, Jackeline Rentería, quien inicialmente se inclinó por el Judo, pero debido a la situación económica de su familia, se le negó la posibilidad de cancelar una mensualidad que podría significar, una recarga de celular mínima de $10.000, -para alguien de un contexto socio-económico distinto-. Esta razón, la obligó a trasladar su energía, dedicación, disciplina y constancia, a la lucha para que fuera gratuita. En este deporte quienes son testigos de su crecimiento en el sector la Playa del barrio Siloé, la vieron enaltecer el nombre del mismo, a punta del sacrificio de su familia, su entrenador y por supuesto el propio.

Y para quienes buscan la restauración de una vida anclada a la violencia, las oportunidades también son escasas. Pues personajes como Mario, afirman: “no es fácil salir adelante cuando te conviertes en el que hablar de los demás. Aunque vale la pena el intento, las puertas se te cierran y por más que uno aspire a la educación o a una carrera no hay como pagarlas”. Pero ahora, empezó a generar un estilo de vida distinto en su siguiente generación, Laura su única hija -quien, a sus 10 años, es su mayor motivación para buscar nuevas oportunidades en el marco de la legalidad- se vinculó a la Fundación Tambores de Siloé, desde donde busca a través del fortalecimiento de habilidades musicales y creativas, cambiar el rumbo de su futuro familiar.

 

La orquesta sinfónica​

 

Historias similares vienen escribiendo desde hace 7 años, David Martínez, Sergio Rosero y Camilo Franco, habitantes de la comuna 20 e integrantes de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil del Valle del Cauca. Además, becados por el Instituto Departamental de Bellas Artes gracias a su talento, participando hasta el momento en 20 conciertos en la ciudad, en 15 internacionales y en una Gira por Europa, pasando por Italia, España y Francia, en el marco de la segunda edición de Festival ‘La vía dei Concerti’ en el año 2012, apoyados por su familia con la realización de múltiples actividades en la comuna para financiar sus gastos.

En donde además en su primera presentación en zona extranjera, rindieron tributo a quien había fallecido un día antes, el 8 de agosto a sus 62 años -el maestro, compositor y además director del Grupo Niche durante su vida-, Jairo Varela, interpretando al son de violas, violines, violonchelos, arpas o flautas, el famoso himno de la capital mundial de la salsa que los vio nacer ‘Cali Pachanguero’.

Estos 3 jóvenes no superan los 17 años y ya han recorrido un camino prometedor por la música, gracias a su disciplina y a la búsqueda de alternativas distintas en la comunidad. “Hay gente a la que le gusta el fútbol o el baile y eso también lo ofrece la fundación, pero a mí me gusta la música y si FundaSidoc nos ofrece la posibilidad ¿Por qué no aprovecharla?, son opciones distintas y futuros diferentes a los que se conocen”. Asegura David Martínez.

Por su parte, Sergio y Camilo afirman que la fundación les ha permitido llegar a lugares inimaginables, a erradicar mitos instaurados por sus familias, como que la música no da para comer y además les ha ofrecido no solo la posibilidad de formarse como músicos sino de formar a los nuevos miembros de la fundación.

Coinciden así mismo en que la violencia es una realidad de la comuna, pero que depende de cada quien cambiarla, porque así como conocen gestores sociales o profesionales apasionados por su labor, también conocen compañeros de colegio y vecinos a los que les ha ganado la calle, “no conocemos a eso que le llaman fronteras, nunca nos han dicho no pasen por aquí, pero hay partes a las que preferimos no meternos porque es peligroso, saludamos a nuestros conocidos pero no nos buscamos problemas. Aunque podemos asegurar que son más las personas buenas que conocemos”.

Es por esto que el trabajo que se viene desarrollando en la comuna, a través de fundaciones como Tambores de Siloé, Sidoc, o Funbraco, busca generar actividades que permitan desarrollar la educación de una forma eficiente, logrando avances, culturales, sociales y hasta económicos, que logran encender, la estrella de la esperanza en un sector marginado y opacado por la violencia y que sin lugar a dudas ofrece alternativas distintas para las generaciones venideras.

La disminución de jóvenes en las esquinas, como consecuencia disminuye también las armas, la droga y la violencia e incrementa los potenciales ocultos de sus habitantes y la mirada distinta de los que ven desde afuera.

 

Deja un comentario